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Gimeno Sacristán habla del informe PISA

Fecha de creación

03 de Diciembre de 2013

Recogemos un extracto publicado en el libro En busca del sentido de la educación, concretamente de un apartado titulado pesimismo, la confusión y la mirada crítica esperanzada:

La publicación y difusión de los informes PISA han dado lugar una de las pocas ocasiones en las que la educación cobra actualidad en los medios de comunicación, aunque por un corto espacio de tiempo y siempre que otra noticia más impactante no le robe el protagonismo. El debate se hace notar más si están cercanas las elecciones, pues ese informe se utiliza antes para el ataque al contrario que para afinar y enriquecer los escuetos programas sobre educación con los que los partidos concurren a las elecciones.

El discurso que predomina acerca de la educación dentro de las instituciones educativas muestra insatisfacción y un fondo nítidamente negativo —retóricas aparte—, transpira malestar, desasosiego y sensación de impotencia. En unos casos expresa la impaciencia y el descontento al ver que no se han conseguido los grandes objetivos del sistema o la pequeña ambición de hacerlo bien que pueda tener cada profesor o profesora. Generalizando, se puede hablar más de impaciencia e insatisfacción progresista por alcanzar un futuro mejor, sin las cuales no nos moveríamos para cambiar las cosas. Quienes están afectados por la impaciencia y perciben la realidad como manifiestamente mejorable, poseen un móvil que dispara la acción. Esta posición es crítica y progresista porque quiere que ocurran cambios hacia adelante. El riesgo reside en que elmesianismo de concebir e imaginar realidades deseables no realistas nos lleve a la frustración.

A nivel nacional esa insatisfacción cobra un sesgo especial. Las fuerzas conservadoras últimamente se han aferrado a lo que parece ser una consigna fija: la de no reconocer nada positivo en las reformas emprendidas por sus oponentes, aunque tuvieran aspectos positivos. Así, por ejemplo, no reconocen en público el valor de haber prolongado la escolaridad obligatoria en 1990 por el Gobierno del PSOE.

Las coordenadas a seguir en esta discusión las han establecido quienes dan por hecho el declive del sistema como conclusión. Quienes consideramos que esa tesis es incorrecta, nos vemos obligados a aportar pruebas en contra de la misma y a desempeñar el papel de optimistas desde una perspectiva histórica.

En busca del sentido de la educación por Gimeno SacristánAsignar más valor al pasado del sistema educativo que el que merece en el presente seguramente es un error de óptica, cuando el pasado y el presente son tan diferentes. Incluso disponiendo de las mejores series estadísticas —que no es nuestro caso— no sería posible hacer comparaciones con la información que tenemos de uno y otro momento. El significado de los datos varía cuando se refieren a épocas distintas, no son homogéneos. Si una puntuación de 5 no significa exactamente lo mismo si la da un profesor u otro, algo parecido cabe decir cuando la comparación se hace entre fenómenos tan complejos como es la educación institucionalizada en su conjunto. (…)

Nuestros hijos leerán, con seguridad, más ahora que lo que lo hacían los jóvenes en el pasado. Como esos jóvenes del ayer somos los adultos de ahora, podemos recordar esas diferencia de contextos. Pero, sobre todo, hay que hacer notar que hoy leen textos muy distintos. En una sociedad en la que la población joven disfruta de una escolaridad más prolongada y extensa que la que se tuvo en el pasado, no se puede admitir el diagnóstico de que en educación “…a, nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor”, a no ser que se enfatice lo parecer y lleguemos al absurdo de concluir que a más escolaridad para más gente corresponde un descenso de la calidad.

Comparando datos del presente con otros correspondientes a un pasado próximo se puede sostener un optimismo realista, refiriéndonos al sistema educativo en general. Este juicio no oculta que ciertos valores, perspectivas y prioridades, o las relaciones sociales hayan cambiado. Mucho menos queremos decir que no haya problemas o que estemos satisfechos. Siempre querremos más y mejor, porque siempre podemos mejorar.

Hace tiempo que la antropóloga Margaret MEAD hizo la observación de que el cambio en la caracterización de las generaciones tenía mucho que ver con la relación entre los saberes que se intercambian. Según ella, han existido y conviven hoy tres culturas en las relaciones entre adultos y menores. La posfigurativa, la cual los niños aprenden de sus mayores, en estrecho contacto con ellos. La cofigurativa, caracterizada por la pérdida de relevancia de los adultos, al perder vigencia los vínculos con el pasado. Por último, está la prefigurativa, en la que los adultos también aprenden de los menores que han elaborado su propia cultura, con las consecuencias que ese desplazamiento de papeles entre ellos tiene en la vida cotidiana y, también, en la educación. Cuando la sociedad experimenta un proceso de cambio acelerado, las rupturas suelen ser más profundas: los adultos quedan más prematuramente “desfasados” respecto de los más jóvenes. (Recordemos la veracidad de esa ventaja en el dominio de idiomas o de las nuevas tecnologías).

En ciertos casos puede que sean los adultos los que estén perdiendo nivel respecto de los menores en general y de los alumnos, en particular. Quizá cultura prefigurativa que dominan los menores y la posfigurativa, en la que lo hacen los mayores, se estén distanciando entre sí, teniendo como consecuencia aparición de desenfoques, desencuentros y hasta conflictos.

Consideramos que las pruebas para sentirse pesimista no son suficientes, que a veces son equivocadas y, en cualquier caso, no consideran la complejidad que encierra el querer saber si el nivel sube o si baja.

Cita extraída de En busca del sentido de la educación por José Gimeno Sacristán

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