Ediciones Morata

Su cesta de la compra esta vacía

Familia y consumo. Lee aquí un capítulo del último libro de David Buckingham

Fecha de creación

21 de Octubre de 2013

El libro La infancia materialista. Crecer en la era consumista dedica un capítulo a los niños, los padres y el consumo en la familia que titula El poder del incordio.

Recogemos aquí un fragmento:

Las horas dedicadas al trabajo, asalariado y no asalariado (como las labores del hogar), están reduciéndose ligeramente y, sin embargo, los padres hablan cada vez más de que “el tiempo se les escapa”. Es posible que la sensación de que “el tiempo se les escape” —o la ausencia percibida de un “tiempo de calidad” disfrutado
en familia— se derive de la variedad y la abundancia cada vez mayores de actividades y productos de ocio que se ofrecen para el consumo de las familias. No obstante, la continuada —y a veces acelerada— “valorización” simbólica de la infancia supone que los padres se sientan mucho más presionados para pasar tiempo con sus hijos y, ciertamente, para que consideren que disfrutan haciéndolo. En este sentido, la atmósfera de creciente ansiedad por la vida familiar puede haber influido en los mismos padres. Estos dicen que se sienten mucho más sometidos al escrutinio público; y el apetito de consejos para los padres en Internet, en libros y en la televisión es, de por sí, un mercado comercial en expansión.

La infancia materialista. Crecer en la era consumista. Libro de David Buckingham

En realidad, la idea de “tiempo familiar” —caracterizado por las actividades colectivas de ocio, las comidas, las fiestas y las excursiones familiares— es un fenómeno relativamente moderno. Como hemos visto (Capítulo VI), la comida familiar suele servir como un indicador simbólico clave de la unión de la familia. Aunque algunos han visto una disminución de las reuniones familiares para comer, la evidencia no es concluyente (LARSON y cols., 2006). Aun así, podríamos decir que la idea del “tiempo de calidad” pasado con los hijos se ha convertido en bien de consumo, es decir, es considerada como algo que puede comprarse y venderse. Los padres pueden utilizar las compras como un modo de compensar los sentimientos de culpa que experimentan a consecuencia de no pasar con sus hijos el tiempo suficiente, tal y como se han visto empujados a considerarlo, aunque los datos indican que están dedicando, en realidad, más tiempo al cuidado de sus hijos que anteriores generaciones de padres.

Puede leer el capítulo completo de David Buckingham a través de este enlace.

Agregar comentario