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EL DESEQUILIBRIO DE PODER ENTRE LOS SEXOS. HANS CRANACH: HÉRCULES Y LAS DONCELLAS DE ONFALIA

Fecha de creación

16 de Marzo de 2015

Por Julia Varela

En el marco de un curso que he seguido en Aularte impartido por el profesor Daniel Gómez Alonso, en el que especialmente se refirió a pintores nórdicos como El Bosco y Brueghel, he realizado un pequeño trabajo sobre una obra de Hans Cranach. Me sorprendió favorablemente que Daniel hiciese una aproximación a las obras de estos pintores desde mi punto de vista muy sociológica, ya que se detuvo en el contexto histórico en el que se produjeron los cuadros favoreciendo así  la comprensión de su sentido. Desde hace tiempo vengo trabajando en sociología del género, y puesto que se aproximaba el mes de marzo, cuando se celebra el día de la mujer trabajadora, me parecía oportuno fijarme en el cuadro de Hans Cranach, titulado Hércules y las doncellas de Onfália, que está en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, y que data de 1537, precisamente el año en el que este pintor falleció en Bolonia a los 24 años. Hans era hijo de Lucas Cranach el viejo, y hermano de Lucas Cranach el joven. Nació en 1472 en Wittenberg, la ciudad en la que Lutero clavó sus 95 tesis en la iglesia del castillo en 1517, un acto que dio comienzo a la Reforma protestante. Su padre, al igual que otros pintores, estuvo ligado a los duques de esa ciudad, fue por tanto pintor de la corte de Sajonia. Si bien en 1508, cuando ya era un pintor reconocido, viajó a Holanda  e hizo algunos retratos de Maximiliano I y de Carlos V.

 Cranach el Viejo era católico, pero pasó a apoyar fervientemente la causa luterana, y promovió con sus retratos y grabados la fama internacional de Lutero y  Melanchthon. Ilustró la biblia de Lutero, y en algunos de sus grabados ridiculizó al Papa, y también a la Casa de Habsburgo. Tras la derrota de las tropas protestantes ante los soldados de Carlos V en la batalla de Mühlberg (1547), el elector Juan Federico I de Sajonia fue apresado y enviado al exilio a Weimar. Lucas Cranach lo acompañó, y falleció precisamente en esta ciudad en el año 1553. Otro renombrado pintor de la época que también abrazó la causa protestante fue Brueghel el Viejo.

Hans Cranach fue hijo y nieto de pintores por lo que, desde muy joven, en el taller de su padre, se socializó en el oficio, en el arte de pintar. Parece ser que las prensas del taller de los Cranach fueron utilizadas por Martín Lutero  para imprimir sus escritos y folletos propagandísticos. La producción pictórica de Hans fue muy reducida, y en el Museo Thyssen, además del cuadro citado, se expone también el retrato de un caballero. Hay varias versiones de Hércules y las doncellas de Onfalia realizadas en el taller de los Cranach por el padre y los hijos, pero la table del Museo Thyssen es la única que aparece firmada por Hans. También hay distintas interpretaciones acerca de qué es lo que verdaderamente se trataba de representar en el cuadro.

El Museo Thyssen, en su página web, nos dice que Hércules en la corte de Onfalia narra un episodio mitológico ocurrido en Lidia, a donde el héroe había llegado para redimir su culpa, tras asesinar a su amigo Ifito. La reina Onfalia le convierte en su esclavo y amante, y le obliga a vestir ropas de mujer, y a realizar tareas femeninas, mientras que ella, que no está representada en esta escena del cuadro, luce las ropas y los atributos del héroe. Y prosigue: Hércules aparece en el cuadro hilando, con mirada afligida, y rodeado por tres cortesanas; una le mira con deseo, frente a la expresión más tierna y ensimismada de la segunda figura, y de una tercera dama que dirige la mirada fijamente al espectador para hacernos partícipes de la escena. La interpretación que se extrae de la composición no es otra que la del dominio de la mujer sobre el hombre, a la que alude también la inscripción latina con mensaje moralizante del fondo, así como la presencia de las perdices colgando de un cordel, tradicionalmente símbolo de la lujuria, aunque también pueden hacer referencia a la caza.

Para poder interpretar un cuadro es preciso tener en cuenta el contexto en el que se pintó. Fueron sin duda enormes los cambios que tuvieron lugar desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVI, cambios que no solo transformaron la faz del mundo conocido, sino también el funcionamiento de las sociedades de la época, así como la propia percepción de los seres humanos. Concretamente en relación con la producción de los artistas del norte de Europa algunos de estos cambios fueron determinantes. Destacan en este sentido las guerras de religión entre católicos y protestantes, guerras íntimamente ligadas a los conflictos que tuvieron lugar en algunos de los países que formaban parte del Imperio de los Habsburgo, que se opusieron a la iglesia de Roma, al tiempo que se enfrentaron con Carlos V y Felipe II buscando su independencia. De ahí que para aquellos pintores que apoyaron el protestantismo la lucha política y la lucha religiosa iban unidas, y ello se pone de relieve en sus pinturas, grabados, etc. La nueva doctrina luterana va a hacer que muchas de las representaciones religiosas desaparezcan, y provocó toda una serie de movimientos iconoclastas que dieron lugar a la destrucción de imágenes religiosas, movimientos que comenzaron en Wittenberg, en 1521, y se extendieron en los años posteriores a otras ciudades.  Pero además la nueva ética protestaste  va a manifestarse no solo en el ordenamiento estricto de la vida cotidiana, sino también en las representaciones simbólicas. De ahí que las pinturas estén impregnadas de religiosidad. Sin duda El jardín de las delicias de El Bosco, anticipa la percepción negativa que los protestantes tuvieron de la naturaleza humana: pecado de Adán y Eva, vicios, e infierno. El mal reina en el mundo. Esa visión rigorista, un tanto aminorada, sigue estando en Los Cranach y en Brueghel, que recogen la herencia de El Bosco. De ahí que sus cuadros sigan siendo difíciles de interpretar para nosotros, pues están cargados de simbolismo: las cosas son más de lo que parecen. El descubrimiento de la imprenta y el descubrimiento de América también hay que tenerlos en cuenta, pues, cómo señaló Marx, va a  ser en las nuevas ciudades del norte en donde comenzó la acumulación primitiva de capital que sirvió de base para el desarrollo del capitalismo. No es pues de extrañar que algunos consideren que Brueghel en La torre de Babel intentaba criticar el poder y la fuerza ofensiva de los monarcas españoles y su imperio, al representar la industriosa ciudad de Amberes en la que se hablaban múltiples lenguas, y a la que concurrían barcos, comerciantes y banqueros de todas las partes del mundo. En fin, en relación con nuestro cuadro sobre Hércules y las doncellas interesa especialmente subrayar que siempre que se produjeron históricamente cambios importantes en la estructura y la dinámica social se produjo también una redefinición social de los sexos, es decir, surgieron apasionadas disputas acerca de la naturaleza femenina y masculina, así como de las diferentes funciones que debían desempeñar mujeres y varones.

El cuadro de Hans Cranach forma parte de la llamada querella de las mujeres que cobró una especial importancia durante el siglo XVI en el marco de las guerras de religión entre católicos y protestantes. No solo fueron importantes en esta redefinición social de los sexos los escritos que tanto Vives como Lutero y Calvino dedicaron a delimitar las funciones que debían cumplir las mujeres, y a definir la naturaleza femenina, sino  que también lo fueron las pinturas, grabados y esculturas que entonces proliferaron, con su importante valor simbólico. Juan Luis Vives escribió el librito  Institución de la mujer cristiana (1523), así como  El oficio del marido (1528), que marcan minuciosamente los deberes de la mujer cristiana. También Lutero y Calvino se ocuparon de definir los papeles que debían desempeñar las mujeres reformadas, y aunque en teoría parecían asignarles más funciones en el espacio público, concretamente en lo que respecta a las funciones en los oficios religiosos, en la práctica les concedían, al igual que los eclesiásticos católicos, un lugar secundario y subordinado al  de los varones.

Desde finales de la Edad Media  comenzaron a circular numerosos escritos en contra de las mujeres y algunos a favor, como La ciudad de las damas de Christine de Pisan. Las mujeres se habían visto relegadas del espacio público no solo  por el cambio de las leyes de la herencia – la ley sálica- , sino que también se había producido la progresiva institucionalización del matrimonio monogámico indisoluble, y tuvo lugar su expulsión de las universidades cristiano-escolásticas, lo que, lentamente las introdujo en el espacio de la casa, en el espacio doméstico. Surgía así el nuevo ideal de la mujer cristiana, esposa, madre, y ama de casa hacendosa. Vives decía que la casa hará las veces de toda la república para la mujer. Este ideal va a ser aceptado, sobre todo, por las emergentes “clases burguesas” urbanas”.

El cuadro que comentamos  puede ser objeto de posibles y muy variadas interpretaciones. No olvidemos las distintas lecturas que pueden hacerse de los cuadros de pintores como El Bosco, o de Brueghel. Por una parte, a primera vista, el pintor parece estar a favor de las mujeres, pues ridiculiza a Hércules, prototipo del hombre valiente y aguerrido. Se trata del más célebre de los héroes griegos, el paradigma de la virilidad, y el adalid del orden olímpico contra los monstruos. Su extraordinaria fuerza era el principal de sus atributos, pero también lo eran el coraje, el orgullo, cierto candor, y un formidable vigor sexual. Pero si uno se distancia puede observar que otra lectura posible es el influjo negativo que pueden ejercer las mujeres en los hombres con sus artes, y especialmente con su inclinación, según los moralistas eclesiásticos de la época, a la lujuria y la lascivia, hasta el punto de afeminarlos y hacerles perder las virtudes guerreras. Las perdices y la inscripción así lo indican.  Las jóvenes lidias entregan a Hércules la tarea del día, el gran héroe soporta el dominio de su señora, así el pernicioso placer se apodera de las almas grandes y el blando amor debilita los corazones fuertes.  La pintura se  inscribiría por tanto en la gran ofensiva de los moralista contra la igualdad y autonomía de las mujeres.

Por otra parte, si se tiene en cuenta que según Esther García Portugués, en un estudio dedicado a la representación del mito de Hércules y Onfalia en la historia de la pintura occidental, la figura de Hércules ha sido asociada a través de la historia a la monarquía, por ejemplo para glorificar a los Habsburgo, y que representa a Carlos V, fundador de la monarquía española, por su fuerza sobrenatural, signo de la gracia divina, y por su paso del mundo de los mortales al de los dioses, se podría avanzar otra interpretación.  No en vano los monarcas españoles incluyeron las columnas de Hércules en sus escudos. En este sentido, se podría formular una hipótesis más arriesgada: el cuadro se podría percibir como una crítica al poder español, que entonces era hegemónico en Europa, de modo que  no sería descabellado percibir tras la figura de Hércules la representación del propio Emperador Carlos V, el fundador de la monarquía española, a quien el propio padre de Hans, Lucas Cranach, retrató de joven, y de quien se conserva un retrato en el Museo Thyssen. La barba rojiza y el mentón prominente recuerdan la imagen del Emperador, domador de las gentes bárbaras, dominador de los océanos, encarnación viva del poder omnímodo en la Cristiandad. ¿Se podría interpretar por tanto esta pintura como una parodia del poder político imperial monopolizado por los varones ilustres, asociados a la guerra, a la lujuria, y al desenfreno, frente a la morigeración femenina y las virtudes desplegadas en el hogar?

Entre Hércules y las damas de Onfalia, podría por tanto esconderse la antítesis entre el protestantismo y el catolicismo, la dialéctica entre la razón y la violencia, entre la justificación por la fe y la magia de sacramentos y sacramentales dominantes en el mundo católico.

¿Conocían los Cranach el libro La ciudad de las damas de Christine de Pisan en el que tres mujeres que representan la razón, la virtud y la justicia, ayudan a la autora a promover el nuevo reino alternativo al de la violencia y el horror contra las mujeres? El libro conoció nuevas ediciones y traducciones por la época en la que Hans pinto su cuadro, en 1537. La denominada querella de las mujeres no estaba ni mucho menos cerrada, como prueban las numerosas poetisas y escritoras que en Italia escribían en loor de las mujeres, y que estaban muy unidas al humanismo cívico frente al tradicionalismo de la mayor parte de los eclesiásticos.

Como ya se señaló resulta para nosotros muy difícil desentrañar los distintos mensajes del cuadro, ya que es una pintura muy alegórica que se inscribe, como nos señaló Foucault, en Las palabras y las cosas, en un modo de representación y de interpretación que se rige por códigos muy alejados de los nuestros, códigos que reenvían a un mundo en que lo natural y lo sobrenatural  aún no estaban separados. 

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