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Entrevista a José Gimeno Sacristán en el Diari de l'Educació

Fecha de creación

18 de Febrero de 2014

Con motivo de la aprobación de la LOMCE el Diari de l´Educació entrevista a José Gimeno Sacristán, el artículo completo puede leerse aquí. En esta entrada recogemos algunas de sus ideas y también a partir de estas recuperamos algunos fragmentos de otras obras de Morata sobre evaluación, currículum o justicia social.

El artículo explica cómo las revalidas suponen una desconfianza en la labor de profesores y profesoras y en el conocimiento de los alumnos. En relación a la evaluación José Gimeno Sacristán afirma: 'dime para qué quieres una evaluación y te diré si estoy de acuerdo con tu sistema educativo'.

En su opinión las reválidas actuarían como una barrera que finalmente afectará a los más vulnerables porque serán ellos los que tendrán problemas para saltar.

Igualdad no significa justicia

En sintonía con esta idea de evaluación, Bill Ayers en una entrevista que le hicimos recientemente, afirmaba que ésta es útil cuando busca apoyar al alumno, conocerle mejor, no cuando lo que quiere es dividir a chicas y chicos en ganadores y perdedores, ¡ése no es el objetivo de la educación!

Una de las pruebas a las que suele hacerse referencia para justificar las reformas educativa es el Informe Pisa, Jurjo Torres analiza en Justicia curricular. El caballo de Troya de la cultura escolar cuáles son las variables que realmente analiza este informe poniendo de manifiesto lo limitado de dicha evaluación.  

También preguntan a José Gimeno Sacristán su opinión sobre los contenidos del currículum, en relación a este tema, recuperamos un fragmento del libro En busca del sentido de la educación en el que el autor se refiere al fracaso escolar como fracaso del sistema educativo.

“¿Qué validez tienen las exigencias al alumnado de esa cultura institucionalizada? Los contenidos que obligamos a aprender no siempre son relevantes, no están actualizados y en muchos casos no son apropiados para cumplir las finalidades de la educación, ni son adecuados los métodos con los que se enseñan, ni tampoco las tareas que realiza quien aprende. La desafección del alumnado por aprender, la pérdida de la curiosidad por la lectura, no querer asistir a clase diariamente… son logros de la educación que se recibe, aunque le llamaremos fracaso del alumno. Para mantener el optimismo antropológico respecto a la educabilidad de las personas, a la vista de los hechos solo es posible si se mantiene una posición crítica hacia la educación vigente. Estamos del lado del alumno porque, como afirma John HOLT:

En busca del sentido de la educación“Nadie es estúpido desde el comienzo. Solo hay que observar a los bebés y a los infantes y pensar seriamente en todo lo que aprenden y hacen, notar que, excepto los más retardados, muestran un género de vida y un deseo y habilidad para aprender, que en una persona mayor podríamos muy bien tildar de genial. Difícilmente un adulto entre mil o en diez mil, podría en tres años de vida aprender tanto, crecer tanto en el conocimiento del mundo que le rodea como lo hacen los niños durante los tres primeros años de su vida”. (Pág. 185.)

Tengamos fe en que la disminución del fracaso escolar puede lograse por la vía de cambiar los contenidos exigidos, las formas de enseñarlos y de aprenderlos. No para hacerlos más fáciles —como dicen los antipedagogos—, sino para —permítasenos la metáfora— hacerlos “comestibles”, “digeribles” y “apetecibles”, sin bajar el nivel de la enseñanza.”

Nos gustaría terminar esta entrada con este fragmento de la entrevista a Bill Ayers donde habla de sus motivos para seguir teniendo esperanzas en la educación.

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